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martes, 25 de agosto de 2015

Tengo un sueño

He tenido un sueño,que se repite cada día, sueño que se acaba el mercado del petróleo, que los países en su desesperación energética encuentran la bicicleta, y la usan para transportar mercancías , sueño que todo el mundo usa la bici para ir a todos lados,que nadie me echa de la carretera, que todos nos volvemos locos por ver y oír más allá de lo que el consumismo nos permite.
 

Sueño que el presidente de España va en bici a las reuniones del eurogrupo y la alemana le felicita, que solo los países productores de crudo tienen vehículos a motor, y Estados Unidos lleno de agujeros y montañas rotas por la minería, los pozos de petróleo y la industria desenfrenada  se tira de los pelos preguntándose por que no conservaron más su medio ambiente , por que no consumieron más frutas y verduras y menos hamburguesas, por que no construyeron vías para que circulasen todos los vehículos y no solo los coches, por que no fueron más humildes consigo mismos y más generosos con el resto del mundo.


Pozos de fractura hidráulica o fracking en Wyoming (EE.UU)  Foto: cc-by/Ecoglifht.

Sueño que  la energía eléctrica se consigue haciendo que muchos ciclistas giren una turbina , y que esa energía lleva más poder que el de ninguna otra sustancia, que con esa energía se pueden llevar cohetes a Plutón en poco tiempo.


Sueño que desaparecen los ruidos del tráfico, y de los altavoces de los coches con música, que un hombre grita en España ¡¡viva la bicicleta!!, y el eco lo oyen los chinos, que desaparece el cambio climático y podemos respirar como lo hicimos antes de la revolución industrial.


Sueño que no hay pesadillas con las cifras de muertos en carretera, y que cada día el sol invita a todo el mundo a salir y coger la bici, y el que quiere hace un caballito en la carretera , y una cabra, y un derrape, no hay ningún peligro en el camino.


Sueño que se acaban los supermercados y que las bicis vienen cargadas de  fruta traída directamente del campo, y de verduras, y de carne y de leche.






Sueño que se acaba la tecnología y volvemos a relacionarnos, como hacíamos antes , los niños al parque, los jóvenes a estar con los amigos, los abuelos a jugar a la petanca, que los mensajes y el periódico vienen en bici.
  

Pero ya dijo Walt Disney que si lo sueñas puedes hacerlo realidad 

sábado, 15 de agosto de 2015

Peñalara otra vez

I've paid my dues , time after time , i've done my sentence, but committed no crime,and bad mistakes,i've made a few, i've had share of sand kicked in my face , but i've  come through

¡¡¡we are the champions my friend!!!
and we 'll keep on fighting till the end, we are the champions,we are the champions.



Esa es la eterna canción que sonaba este martes a las seis de la mañana, un grito de energía para la jornada,un día de andar ,había quedado para ir a Peñalara dos años después de la última, esta  vez en verano, y con mi nuevo grupo de amigos,rockeros de pro,amantes del medio ambiente, caminantes devoradores.
Como siempre quedamos en Atocha ,y nos chupamos dos horas de viaje en cercanías hasta cotos, por eso no me gusta ir mucho a Peñalara por que el viaje es largo y luego para volver  a Madrid  el último tren sale a las seis menos veinte, lo que no deja mucho margen para disfrutar.
El caso es que llegamos los tres mosqueteros a cotos, que ya no tenía ni pizca de nieve , ni de agua, a las diez de la mañana, con el sol dando paso a los colores de la montaña, verde brillante,y los pinos haciéndonos un paseillo a lo largo del sendero , el viento trayendo ese olor, dulce olor  a montaña a resina , a verde.


Pero algo más había, que no se veía tanto antes, sombras entre las rocas, sombras de colores,verdes,rojas,amarillas,naranjas y hasta azules, reptaban por todos lados lagartijas,la mayoría de buen tamaño.


Y sin andar mucho fuimos capaces de ver la laguna de Peñalara, como siempre acotada y con un guardia forestal custodiándola.
Allí seguía como siempre, ese escupitajo de dios en medio de la montaña, para mi sorpresa aun con agua a pesar del verano, y sobre ella el pico más alto de Madrid y Segovia.


Nos hicimos alguna foto y continuamos para bingo, es decir para llegar a la cumbre.
Primero subimos por las grabas de granito sobre la loma cercana a la laguna, para acabar llegando al refugio de montaña, donde hicimos otra breve parada para contemplar el paisaje.


Andamos hasta llegar a un grupo de rocas grandes cerca de la cima, donde comimos en compañía de las lagartijas, y nos quemamos al mismo tiempo con el abrasador sol del mediodía.
Ese día tenía mi tuper guarro de macarrones y de postre una manzana.
Poco después hicimos cima a 2428 metros,donde pudimos ver el vórtice geodésico (columna de cemento que indica la cima),Segovia y la granja de San Ildefonso por el lado de Segovia y toda la sierra de Madrid al otro lado.



Segovia desde Peñalara

Un tiempo después procedimos a bajar, pero nos desorientamos y bajamos por un lado incorrecto, lo que supuso en el mismo instante en que nos dimos cuenta un palo, ya que se veía comprometida nuestra llegada al último tren que salia de cotos.
Tuvimos que atravesar matorrales y matorrales y matorrales  pinchosos con nuestro rojizo y quemado cuerpo, lo que nos dio mucho gustito, hasta los caballos salvajes que por allí andaban se quedaron atónitos de como pasábamos.

Reconducidos al sendero el reto era apretar el ritmo para no perder el tren, bajamos como si estuviésemos en un rallie curva aquí,ras,bache,tronco de árbol,ras y en el último tramo superjincana con rocas salientes y piñitas pequeñas y redondísimas por todos lados, pero pasamos como si fuésemos jugadores del grand prix.
Eran las 17:20, y quedaba un tramito por bajar, se veía el tren ya ubicado en la estación.
Desde el google earth  se veía tres puntos rojos avanzando por la montaña hasta la estación en linea,jaja.

El tren empezó a andar , pero corrimos como el Joselín Bolt en el andén, me lancé y agarramos las barras del último vagón del tren in extremis, y tres tías suecas buenísimas nos besaron,jejeje, es broma,llegamos con cinco minutos de sobra al tren, pedimos botellas de agua fresca en la estación, y colorín muy colorados llegamos a casa rojos y agotados.