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sábado, 6 de febrero de 2016

Los tres caballeros de Peñalara

Tres caballeros con su espada, armadura y sin corcel, solo con sus piernas querían subir a lo más alto de de la más alta torre de Madrid, pisos no se sabe los que tiene pero si su altura 2450 metros.






La susodicha se situaba al norte, lo más al norte posible, pero allí acudimos en cercanías a primera hora de la mañana, como siempre dos horas de viaje por que el tren de  Cercedilla  pasa cada hora y  luego el trenecito a Cotos tarda otro poco.
Todavía es gracioso y divertido montar en ese trenecillo que parece de juguete , pero que es el más cómodo de toda la red cercanías por los asientos de cuero mullidos que tiene ,que a los menuditos como yo  nos engulle .
Desde aquel juguete en movimiento  se veía el puerto de Navacerrada  este año sin mucho ajetreo ni atisbo de actividad , "el niño" se ha llevado este año los esquíes .
Poco después llegamos a Cotos con alegría y sorpresa, por que la dama a la que veníamos a buscar se había puesto el camisón blanco como cada año por estas fechas, no nos lo creíamos, pensábamos que "el niño" se habría llevado su camisón y la había dejado desnuda, pero ella es muy señora y nada la amilana , allí estaba la montaña más alta de Madrid luciendo el blanco de la nieve y el frío del invierno que allí también se había desplazado.
Dos en uno encontramos a la dama vestida y al señor invierno que nos acompañó en nuestra subida por las faldas de la señora.
los tres caballeros subimos prestos y con confianza , empezando desde el caminito de abajo donde está la caseta del forestal , todo cubierto de nieve , y donde los menos osados o más prudentes se quedaron jugando.


Nosotros tres continuamos ,pasamos el mirador que ofrecía un panorama inusual, todas las montañas verdes , solo Peñalara ha aguantado este año ante el calor debido al efecto del niño .
La subida continuó hasta la laguna donde hicimos una breve parada para observar como siempre aquel escupitajo de Dios en medio de la montaña , que estaba solo medio congelado, siendo lo normal que esté congelado por completo, creo que nunca podremos repetir aquella foto de los noventa con mi padre y yo pisando la laguna con mucho espesor de hielo y casi oculta entre la nieve .


Los tres continuamos con el objetivo de llegar al refugio de montaña ,  que se ve desde la laguna.
En un momento estábamos subiendo la empinada ladera hacía el refugio siguiendo las huellas que otros habían dejado en la nieve.

Efectivamente las huellas nos guiaron hasta el refugio donde encontramos a cinco damiselas en apuros que habían osado enfrentarse a la montaña sin mucho abrigo, sin guantes y con zapatillas de calle , vamos que tenían un frío de huevos , y claro que podían hacer tres caballeros como nosotros por ellas , pues pasar de ellas ya que allí también estaban dos experimentados y viejetes montañeros tomándose una copa de buen vino , y como gente experimentada que habían subido nada menos que el Mont Blanc  llevaban prendas de sobra en su mochila que pudieron prestar a las imprudentes chicas, y de paso las acompañaron en su bajada a la estación.
Nosotros a lo nuestro , nos pusimos a comer , yo tenia una rica tortilla de patata que compartí con mis socios y con una de las chicas antes de que se fueran .


Hicimos un poco el chorra con la nieve , véase la muestra:


Las vistas eran increibles.


y luego continuamos para bingo, nos proponíamos llegar a la cima.
El camino de subida se hace más suave nevado , ya que esa alfombra de nieve daba una sensación confortable en los pies , no obstante hicimos una parada a medio camino para tomar aire y agua .
Llegando a la cima la nieve llega por los tobillos, aunque por estas fechas debería llegar por las rodillas.
Hicimos cima sobre las 17:00, los tres caballeros besamos a la dama en su pico más alto, pero la cosa fue muy muy efímera y dolorosa, porque la ventisca que se había levantado sobre la misma cima de la montaña tenía mucha fuerza y nos empujaba hacia el precipicio , de hecho tuvimos que agarrarnos bien  al vórtice geodésico para evitar caernos, además la ventisca arrastraba escarcha diminuta que impactaba contra nuestra cara a la enorme velocidad del viento, y dolía , realmente dolía.


Tras unos segundos de dolor y pasión descendimos , esta vez sin prisa y disfrutando del paisaje y de la nieve.
Ya entorno a las 17:30  cayó el poco sol que había y se hizo notar el frío, pero aunque sufrimos llegamos sin problema hasta el mirador de nuevo donde vimos este pedazo de muñeco de nieve con su zanahoria y todo.

Llegamos a la estación y sin tiempo para tomar un colacao caliente nos fuimos.

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